El mejor latin-jazz que se puede escuchar
Román Filiú

Román Filiú

Román Filiú (Santiago de Cuba, 17 de agosto de 1972) nació en un hogar musical en el que el padre tocaba el piano y daba clases de "Teoría de la Música" y sus hermanos tocaban el violín y la guitarra. En la casa se escuchaban discos de Bola de Nieve y Elena Burke, "esas canciones se me metieron adentro", recuerda hoy Román, quien a los ocho años ya se sienta frente a un piano. Dos años más tarde cambia de instrumento por prescripción facultativa: "Yo era asmático, me recomendaron que tocara saxofón y ya no me dio el asma". Sigue las carreras de piano y saxo y en este segundo instrumento obtiene el grado superior en el Instituto de Arte de La Habana. Si a los ocho años ya daba conciertos de piano de música clásica cubana, en el saxo alto se estrena profesionalmente en 1991, con una banda de música bailable, Los Dang. Un año más tarde se incorpora a la orquesta del salsero Isaac Delgado, en la que conoce a músicos con los que luego desarrollaría su carrera. Y en el 99 entra en la legendaria banda Irakere, en la que permanece hasta 2005. Con Irakere graba dos discos y un tercero con el cuarteto de Chucho Valdés, "New Conceptions", que obtiene un Grammy Latino. En los mismos años graba con Gonzalo Rubalcaba y dos músicos estadounidenses de avanzada: David Murray y Steve Coleman. Con este último mantiene una cercana amistad y lo sitúa, junto a Charlie Parker, entre sus "ídolos": "Me han influenciado más tenores, que altos. Me gustan Wayne Shorter, Sonny Rollins, John Coltrane. En el tenor, el abanico es más amplio que en el alto". Escuchado en disco y en concierto se puede reconocer en Filiú una voz personal en su instrumento: "Me enfoco mucho en éso. Al principio me parecía mucho a mucha gente y yo me daba cuenta. Es importante tener una voz propia".

Estando de gira con el cuarteto de Chucho Valdés, Filiú decide asentarse en Madrid en mayo de 2005. Pronto se incorpora a la vida musical de la ciudad y encuentra viejos y nuevos colaboradores: "Este quinteto salió de la "jam" de Caramelo. Estábamos tocando Noah, Yelsy, Carlitos, Caramelo y yo. Yo tenía un sexteto en Cuba y quería tener aquí un vehículo para componer y para grabar". En el estudio de grabación, Filiú optó por dos pianistas, Iván "Melón" Lewis (en siete temas) y Pepe Rivero (en tres): "Con "Melón" estuve en una banda en la escuela. Tiene una gran facilidad para la música y toca muy dulce. Los pianistas tienen que sonar como una orquesta y a "Melón" le sucede así. Y Pepe Rivero estudió conmigo desde los catorce años. Aprendimos juntos. Es un pianista sensacional y quería hacerle parte del proyecto". Filiú comparte línea frontal con Carlos Sarduy, trompetista de 21 años: "También había tocado con él en Cuba. Tocaba perfecto la música cubana. Él vino a Madrid en septiembre de 2005   y me impresionó que en cinco meses, no tenía nada que ver con lo anterior. En escena tiene mucha fuerza y todos los días me sorprende". En el contrabajo está Yelsy Heredia, muy activo en nuestra escena:

"Coincidimos hace seis años en la banda del trompetista "El Indio". Para mí es la columna vertebral del quinteto. Él sabe lo que quiero, cuándo lo quiero y me lo da". A los cubanos de última y penúltima generación se suma el baterista estadounidense, también afincado entre nosotros, Noah Shaye: "Me sorprendió que pudiera mezclarse con nosotros. Yo no quería el jazz cubano de Irakere y fue Yelsy quien me dijo: "Es con Noah". Nos pusimos a tocar y ha hecho un gran trabajo".


Con estos mimbres Román Filiú ha armado el quinteto que entrega una obra serena y cargada de aciertos, con ocho composiciones del líder, una aportación, en territorio de balada, de Iván "Melón" Lewis y un original de Ramsés Baralt, baterista de Irakere. Tenemos "latin hard bop" en "Tres pasos", que abre el disco: "Es un ritmo cubano, "latin", y la marcha del bajo es en montuno, que Noah también adopta en la batería". También "bop" fundacional de los cuarenta en "Infantas 32": "Dentro hay como una rumbita. Hice esa canción para una amiga que me explicó los cierres del flamenco". Me rondaba "Lelia", de Bud Powel, en una versión de Kenny Kirkland, y empecé a tocar sobre esos acordes. Yelsy marcha en montuno y es "bop" con cubano, como una rumbita. La melodía suena a "bop" clásico, pero la manera de tocarla es más tirado para el latino". El disco también cuenta con el impacto emocional de la balada, como en "Canción para Adelina": "Está dedicada a mi mamá. En ese tiempo estaba enferma, yo estaba desesperado y escribí esa canción". Y también "Sansar", una melodía circular, buena muestra de la resolución del quinteto: "Estaba leyendo "Creatividad", del autor indio Osho. "Sansar" es la rueda de la fortuna. Yo tenía una melodía en la cabeza y quería que el piano diera la vuelta y volviera sobre el mismo lugar".

Esto es gran música y está creciendo entre nosotros.

Javier de Cambra.

Román Filiú



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